Atención coordinada, profesional y humana adaptada a la realidad de cada paciente..
Enfermedades que tratamos en el Centro JN.
En el Centro de Psicología y Psiquiatría JN sabemos que cada camino es único.Por eso, nuestro equipo trabaja de manera coordinada, cercana y profesional para ofrecerte un espacio diseñado exclusivamente para ti. Nos alejamos de las fórmulas genéricas porque entendemos que tu bienestar no se puede estandarizar.
Depresión:
Es un trastorno del estado de ánimo, en el cual la persona que lo presenta se encuentra triste de forma patológica (esto es diferente a la tristeza que podemos sentir cualquiera de nosotros en algún momento determinado de la vida). Junto a la tristeza patológica aparecen otros síntomas como:
— sentirse vacío, sin esperanza,
— pérdida del placer por las cosas,
— desaparición de la capacidad de disfrutar,
— falta de energía,
— disminución de la capacidad de concentrarse,
— insomnio o somnolencia excesiva,
— pérdida o exceso de apetito,
— síntomas psicosomáticos como dolores de cabeza, problemas digestivos, etc.
Todos estos síntomas se dan durante la mayor parte del día, casi todos o todos los días. En ocasiones, también pueden aparecer ideas o intentos de suicidio.
Existen varios tipos de depresión, como el trastorno adaptativo, la depresión mayor o la distimia. Así como distintas clasificaciones, según la gravedad, si se da en el contexto de otros trastornos como la ansiedad, el trastorno bipolar, los trastornos psicóticos, los trastornos de la conducta alimentaria, la adicción al alcohol, etc. O si se da en situaciones especiales como la depresión postparto, la depresión estacional, o asociada a otras etiologías médicas como enfermedades endocrinas, déficits vitamínicos, trastornos neurológicos, enfermedades infecciosas, etc.
En todas ellas hay que hacer una evaluación y diagnóstico minucioso por parte de un psiquiatra especializado o un psicólogo clínico, y en ocasiones puede precisar la solicitud de pruebas analíticas o pruebas de imagen para descartar otras causas médicas o nutricionales que podrían provocar síntomas similares a la depresión.
Ansiedad:
Se trata de una respuesta natural del organismo ante situaciones que percibimos como amenazantes, inciertas o estresantes. De forma leve o moderada podría ayudar a adaptarnos y enfrentarnos a situaciones desafiantes cotidianas. Sin embargo, cuando es excesiva en intensidad, frecuencia o duración, interfiere de forma significativa en el bienestar de la persona, o aparece sin un claro desencadenante, puede generar importante malestar, y afectar a la vida personal, social, laboral o académica de quien la padece.
Los trastornos de ansiedad se caracterizan por una preocupación intensa y difícil de controlar, acompañada con frecuencia de síntomas físicos o psicosomáticos, emocionales y cognitivos. Las personas que la presentan suelen sentir un estado de alerta constante, anticipar el peligro o ciertas dificultades y tener grandes problemas para relajarse.
La ansiedad puede manifestarse de diferentes formas, como preocupación excesiva, ataques de pánico, miedos o fobias específicas, ansiedad social o temor a determinadas situaciones.
Una evaluación profesional exhaustiva puede evaluar el tipo de dificultad y trastorno y establecer el tratamiento más adecuado.
Entre los principales trastornos de ansiedad destacan los trastornos de pánico, la agorafobia, los trastornos de ansiedad social, los trastornos de ansiedad generalizada, las fobias específicas y otros trastornos de ansiedad.
Los síntomas que pueden presentar los pacientes que sufren ansiedad pueden ser:
— preocupación excesiva,
— nerviosismo o sensación de estar en continua tensión,
— dificultad para relajarse tanto física como mentalmente,
— pensamientos reiterativos sobre problemas, peligros o situaciones preocupantes para la persona,
— problemas de concentración,
— dificultades para conciliar y mantener el sueño,
— sensación de opresión en el pecho o sensación de falta de aire,
— palpitaciones,
— tensión muscular,
— síntomas digestivos,
— sudoración excesiva.
El tratamiento principal es psicológico a través del cual el paciente puede comprender y manejar los factores desencadenantes y mantenedores de la ansiedad, desarrollando estrategias de regulación emocional, afrontamiento y gestión de pensamientos. Sin embargo, es bastante frecuente asociar al tratamiento psicológico, fármacos antidepresivos y ansiolíticos para manejar tanto las situaciones agudas, como en un plan terapéutico a medio y largo plazo de forma combinada con el tratamiento psicoterapéutico.
Trastorno obsesivo compulsivo:
Es un trastorno de salud mental en el que la persona experimenta obsesiones y/o compulsiones. Entendiéndose las obsesiones como pensamientos intrusivos, preocupaciones, imágenes o impulsos no deseados, recurrentes y persistentes que generan intensa ansiedad y malestar general y las compulsiones conductas o actos mentales repetitivos. La persona que las sufre siente la necesidad de realizarlas para aliviar la ansiedad, o prevenir algo que teme que le ocurra. Sin embargo, el realizar estas acciones no resulta eficaz o son tremendamente desproporcionadas, ocupando mucho tiempo en la vida de la persona, causando un malestar importante e interfiriendo en la vida diaria, el trabajo, los estudios o las relaciones interpersonales de dicha persona.
Las obsesiones más frecuentes que pueden darse son miedo intenso a la contaminación o a los gérmenes, dudas repetitivas, necesidad de que las cosas estén en un orden o simetría determinados, así como pensamientos agresivos, sexuales o religiosos no deseados. Las compulsiones más frecuentes que podemos encontrar en la consulta son lavarse o limpiarse de forma repetitiva, comprobar una y otra vez objetos como cerraduras, puertas, electrodomésticos, documentos, etc; ordenar o colocar objetos de forma muy rígida, contar, repetir palabras o realizar rituales mentales. La persona busca tranquilidad a través de estas compulsiones o mediante la confirmación de otras personas.
El diagnóstico lo debe realizar un psiquiatra o psicólogo clínico especializado, valorando el tipo de obsesiones y compulsiones, el tiempo que ocupan, grado de malestar de las mismas, e interferencia en la vida diaria. Dado que existen otros trastornos que podrían cursar con síntomas similares, el diagnóstico debe ser exhaustivo.
El tratamiento fundamental es la psicoterapia y/o la medicación, siendo la combinación de ambos la terapia más efectiva en casos moderados- graves. Con un buen diagnóstico y tratamiento adecuado un porcentaje alto de las personas que lo sufren pueden mejorar de forma significativa.
Trastornos de personalidad:
Se trata de un conjunto de condiciones psicológicas caracterizadas por patrones persistentes de pensamientos, emociones y comportamientos que difieren significativamente de las expectativas culturales y dificultan la adaptación a distintas situaciones de la vida. Estos patrones suelen ser estables a lo largo del tiempo y pueden generar malestar o problemas en las relaciones, el trabajo y otros ámbitos importantes.
Las personas con trastornos de personalidad pueden experimentar dificultades en la forma de percibirse a sí mismas, comprender a los demás, gestionar sus emociones o establecer relaciones interpersonales de calidad. Estas dificultades afectan de forma generalizada a diferentes áreas de su vida. Por otro lado, es importante destacar que tener determinados rasgos de personalidad no implica padecer un trastorno de personalidad. El diagnóstico requiere de una evaluación profesional especializada que valore la intensidad, persistencia e impacto de estos patrones en la vida de la persona, para poder establecer un plan de intervención adecuado.
Existen distintos trastornos de personalidad entre los que destacan el trastorno límite de la personalidad, el trastorno histriónico de la personalidad, el trastorno narcisista de la personalidad, el trastorno de la personalidad antisocial, el trastorno de la personalidad paranoide, el trastorno de la personalidad esquizoide, el trastorno de la personalidad esquizotípico, el trastorno de personalidad evitativo, el trastorno de personalidad dependiente o el trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo que es distinto a el trastorno obsesivo compulsivo.
Entre los síntomas más habituales que podemos encontrarnos en las consultas en personas con trastornos de personalidad destacan:
— dificultades persistentes en las relaciones personales,
— problemas para regular las emociones,
— patrones de pensamiento poco flexible,
— baja tolerancia a la frustración,
— impulsividad,
— problemas de autoestima e identidad,
— dificultades para adaptarse a cambios,
— sensibilidad al rechazo,
— desconfianza extrema,
— conflictos en el ámbito familiar, social o laboral.
Es importante que la persona que los presenta busque ayuda cuando alguno de los síntomas le produzcan un malestar significativo o interfieran en uno o varios ámbitos de su vida cotidiana.
La psicoterapia es el tratamiento de elección, puede ayudar a mejorar la regulación emocional, desarrollar habilidades relacionales más saludables, aumentar el autoconocimiento y promover formas más flexibles y adaptativas de afrontar las dificultades.
Trastornos de la conducta alimentaria:
Son un grupo de trastornos mentales que se caracterizan por presentar una relación disfuncional con la comida, el peso y la imagen corporal. Estas alteraciones afectan a la forma en que la persona que los padece come, piensa sobre su cuerpo y maneja sus emociones, pudiendo tener consecuencias importantes para la salud física y mental, así como en el ámbito social, familiar, laboral y académico de dicha persona.
Los trastornos de la conducta alimentaria más conocidos como TCA no son una elección, ni un estilo de vida. Se desarrollan por la interacción de factores biológicos entre los que la genética tiene un papel importante, factores psicológicos, familiares, sociales y culturales.
Pueden afectar a personas de cualquier peso, condición física o edad, aunque es más frecuente su debut en edades preadolescentes, cuando se está empezando a desarrollar la identidad de la persona. Sin embargo, en los últimos años a raíz de la pandemia Covid-19 empezaron a darse una avalancha de casos masivos a edades todavía más tempranas. Los TCA se observan en ambos sexos, aunque en la actualidad, sigue siendo más frecuente el desarrollo del trastorno en las mujeres, en una proporción 9:1.
Algunos de los trastornos más frecuentes dentro de los TCA son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa o el trastorno por atracón, aunque existen otros tipos menos conocidos. Son trastornos muy complejos que requieren de una atención a largo plazo y multidisciplinar por parte de psicólogos, psiquiatras, nutricionistas y/o endocrinos especializados. Siendo necesario para un mejor pronóstico, un diagnóstico precoz y el inicio de un plan terapéutico adaptado a cada persona, que suele consistir en tratamiento psicoterapéutico individual, grupal y familiar, coordinación con entorno educativo, establecimiento de plan dietético supervisado por especialistas , controles estrictos de peso, tensión y parámetros analíticos de la persona que los padece, y en algunas ocasiones tratamiento farmacológico para ayudar a reducir síntomas depresivos, ansiosos u otros síntomas que puedan aparecer a lo largo del proceso. En ocasiones, a pesar de establecer un diagnóstico y tratamiento adecuados estos trastornos pueden complicarse, siendo necesario el ingreso en comedores terapéuticos, en unidades de hospitalización parcial o en casos más extremos de hospitalización completa.
Es importante recalcar que con un tratamiento adecuado, la mayoría de los pacientes suelen recuperarse parcial o totalmente, aunque puedan tener alguna recaída a lo largo de su vida y el tratamiento sea largo, se estima que la media de tratamiento de estos trastornos está en torno a 5 años de tratamiento especializado.
Insomnio:
Es un trastorno del sueño que consiste en la dificultad para conciliar el sueño, permanecer dormido, despertarse demasiado temprano o una combinación de todas ellas. Como consecuencia la persona que lo sufre puede sentirse cansada, con somnolencia, irritable, con dificultades para concentrarse o menor rendimiento durante el día. Puede aparecer de forma ocasional o mantenerse durante semanas, meses o incluso años. Cuando el insomnio es persistente puede afectar al bienestar, la salud y la calidad de vida de la persona.
Entre las posibles causas que se relacionan con el insomnio pueden estar el estrés o las preocupaciones, problemas de ansiedad y depresión, consumo de sustancias como cafeína, alcohol, nicotina u otras drogas, algunos medicamentos, problemas de salud física como el dolor crónico, alteraciones hormonales, reflujo, etc., cambios en los horarios laborales o el jet lag, factores ambientales como la temperatura, la luz, el ruido, etc. O una mala higiene de sueño como dormir largas siestas, el uso de pantallas o acostarse a diferentes horas.
Es importante una valoración especializada por parte de un psiquiatra o psicólogo para poder hacer un diagnóstico de certeza y establecer el tratamiento más adecuado, y de esta forma evitar complicaciones como el cansancio persistente, los problemas de concentración, la disminución del rendimiento y el impacto en la calidad de vida.
El tratamiento del insomnio varía según la causa que lo provoque, pero entre las principales medidas incluyen la mejora de los hábitos del sueño, la terapia psicológica orientada al insomnio, el tratamiento de la causa subyacente, y en ocasiones medicamentos hipnóticos durante un tiempo determinado.
El pronóstico por lo general es bueno, el insomnio de corta duración suele resolverse cuando desaparece el factor desencadenante, mientras que el insomnio crónico mejora significativamente con un tratamiento adecuado aunque no se consiga la resolución completa.
Trastorno por déficit de atención e hiperactividad o TDAH:
Es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la forma en que la persona regula su atención, controla los impulsos y gestiona su nivel de actividad. Se suele diagnosticar en la infancia, aunque en algunas personas se puede diagnosticar en la adolescencia o incluso en la edad adulta.
Las personas con TDAH pueden presentar dificultades para mantener la atención, como organizar tareas, seguir instrucciones o terminar actividades, problemas de impulsividad que pueden llevar a actuar o responder sin pensar en las consecuencias y problemas de hiperactividad que pueden manifestarse como inquietud física o sensación interna de no poder estar quieto. Existen tres tipos de TDAH de predominio inatento, de predominio hiperactivo-impulsivo o el combinado con síntomas de inatención e hiperactividad-impulsividad que suele ser el más habitual.
El TDAH no se debe a una falta de interés, pereza o mala educación. Es una condición neurobiológica que puede afectar al rendimiento académico o laboral, a las relaciones y a la vida cotidiana. Sin embargo, con un diagnóstico de certeza realizado por un psicólogo o psiquiatra especialista y un tratamiento adecuado que suele incluir estrategias psicológicas, apoyo educativo y en algunos casos medicación, siendo de primera elección los fármacos psicoestimulantes, aunque existen otros fármacos de segunda línea o para casos específico, las personas pueden desarrollar sus capacidades y desenvolverse con éxito en todos los ámbitos de su vida.
Es importante destacar que es un trastorno cuyos síntomas van modificándose con la edad, siendo la hiperactividad un síntoma que tiende a disminuir, el pronóstico mejora mucho con un tratamiento adecuado, y a la inversa, la ausencia de tratamiento se ha relacionado con el incremento del riesgo de dificultades académicas, laborales, problemas en las relaciones, baja autoestima, accidentes, o la asociación de otros trastornos como la ansiedad, la depresión, los trastornos de conducta alimentaria o las adicciones.
Adicciones :
Son trastornos crónicos y recurrentes que afectan al funcionamiento cerebral y conducen a la búsqueda compulsiva del consumo de una sustancia o de realizar una conducta de forma repetida, incluso cuando dicha conducta genera problemas en la salud de la persona que la realiza, en sus relaciones, en su trabajo, en sus estudios o en su vida diaria.
Puede implicar el consumo de sustancias como drogas, alcohol, tabaco o medicamentos, también la participación en comportamientos como exceso de consumo de internet, de sexo, compras compulsivas, exceso patológico en la
dedicación al trabajo, en el juego, etc.
Es un problema de causas multifactoriales entre las que destaca la genética, factores psicológicos, sociales y ambientales. El pronóstico favorable se relaciona con la detección e inicio temprano del tratamiento, el apoyo familiar y social, las enfermedades asociadas que presente la persona, y el compromiso del paciente en el tratamiento.
Cuando se asocian trastornos psiquiátricos se denomina patología dual e incrementa la gravedad de la adicción, dificultando el tratamiento y favoreciendo las recaídas. Siendo los trastornos más característicos el trastorno depresivo mayor, los trastornos de ansiedad, el trastorno bipolar, el TDAH, los TCA, los trastornos de personalidad, el trastorno por estrés postraumático y la esquizofrenia u otros trastornos psicóticos.
Entre los síntomas más habituales de las adicciones destacan los síntomas psicológicos, encontrándose en este grupo el deseo intenso por consumir o realizar una conducta, más conocido como craving, la pérdida de control sobre el consumo o la conducta, preocupación constante por obtener una sustancia determinada, irritabilidad, ansiedad, cambios de humor, dificultad para concentrarse, disminución de interés por actividades. Entre los síntomas físicos destacan las alteraciones del sueño, los cambios de apetito y peso, temblor, sudoración, náuseas, vómitos, fatiga, disminución del rendimiento, abstinencia, tolerancia a dicha sustancia. Y entre los
síntomas conductuales el consumo repetido a pesar de las consecuencias negativas, aumento del tiempo para realizar una conducta o consumir una sustancia, abandono de responsabilidades laborales, escolares y familiares, aislamiento social, conflictos con el entorno, conductas de riesgo, intentos fallidos en el abandono de la conducta o el consumo.
Requiere de una valoración especializada para poder iniciar tratamiento, que debe ser adaptado al tipo de adicción y a las características individuales de cada persona. Dicho tratamiento consiste habitualmente en desintoxicación en fases más agudas y bajo supervisión médica, terapias psicológicas de deshabituación, tanto individuales, grupales y familiares, rehabilitación y apoyo psicosocial, cambios en el estilo de vida y medicación cuando sea necesario. El tratamiento requiere de un abordaje a largo plazo.
El objetivo del tratamiento no es solamente dejar de consumir o reducir los consumos, sino también mejorar la salud física y mental, la calidad de vida y el funcionamiento social y laboral.
Trastornos psicóticos:
Son un grupo de problemas de salud mental en los que una persona tiene dificultades para distinguir lo que es real de lo que no lo es. Esto puede afectar a la forma en la que piensa, percibe el mundo y se comporta.
Los síntomas más comunes de este tipo de trastornos son los delirios o creencias falsas muy firmes, las alucinaciones, el pensamiento o habla desorganizado o los cambios en el comportamiento de la persona que lo sufre.
Es importante saber que tener un episodio psicótico no significa necesariamente que la persona acabe desarrollando un trastorno psicótico crónico. Los episodios psicóticos pueden aparecer en distintas situaciones como algunos trastornos mentales, ciertas enfermedades médicas, el consumo de sustancias o por el efecto de algunos medicamentos.
Los principales trastornos psicóticos son la esquizofrenia, el trastorno esquizofreniforme, el trastorno psicótico breve, el trastorno esquizoafectivo, el trastorno delirante, el trastorno psicótico inducido por sustancias o medicamentos y el trastorno psicótico debido a causas médicas como cuadros infecciosos, endocrinos o trastornos neurológicos. Aunque estos trastornos comparten síntomas psicóticos, se diferencian por su duración, causa, evolución y la presencia o ausencia de alteraciones del estado de ánimo u otras enfermedades médicas.
Los trastornos psicóticos deben ser valorados por un profesional de la psiquiatría o psicología para que pueda hacer un diagnóstico preciso, mediante una evaluación clínica completa que suele consistir en una entrevista para recoger datos de la historia médica, psiquiátrica y familiar de la persona, exploración del estado mental, examen físico y neurológico y en ocasiones pruebas complementarias como analíticas, pruebas de tóxicos o estudios de neuroimagen con el fin de descartar otras enfermedades neurológicas, metabólicas o el consumo de algunas sustancias que pudieran justificar los síntomas. Con el diagnóstico específico del trastorno que la persona padece, se inicia el plan terapéutico que suele consistir en fármacos antipsicóticos, apoyo psicológico y acompañamiento social. Un diagnóstico y tratamiento tempranos, junto con una buena adherencia a la medicación, la ausencia de consumo de tóxicos, un buen funcionamiento previo y un buen apoyo familiar y psicosocial suelen mejorar las posibilidades de estabilización, disminuir el número de recaídas en los trastornos crónicos como la esquizofrenia y que la persona pueda mantener una buena calidad de vida.
Trastorno bipolar:
Es un trastorno mental que se caracteriza por cambios significativos en el estado de ánimo, la energía, el nivel de actividad y la forma de pensar. Las personas que lo padecen experimentan episodios de depresión, con sentimientos intensos de tristeza, apatía o pérdida de interés por las cosas, así como episodios de manía o hipomanía, en los que puede sentirse excesivamente eufórica, activa, impulsiva o con exceso de confianza en sí misma.
Estos cambios son más intensos y duraderos que las variaciones emocionales que podemos presentar de forma habitual cualquiera de nosotros, y pueden afectar al funcionamiento personal, familiar, social y laboral.
El trastorno bipolar no consiste solo en “tener cambios de humor” se trata de una condición clínica compleja que tiene diferentes formas de presentación, y requiere de una evaluación profesional exhaustiva para su diagnóstico. El tratamiento habitualmente combina técnicas de psicoterapia, medicación y hábitos de vida saludable. La mayoría de las personas que se someten al mismo consiguen una adecuada estabilización de los síntomas, así como una buena calidad de vida.
Entre los síntomas más frecuentes, destacan episodios de tristeza intensa, cambios en la energía y/o actividad de forma intensa, alteraciones del sueño, aumento de la impulsividad, poniéndose en ocasiones la persona en riesgo, sensación exagerada de grandiosidad u confianza en sí mismo, así como dificultades en la concentración y en la toma de decisiones.
Trastornos de la conducta en niños y adolescentes:
Se trata de un conjunto de dificultades emocionales y comportamentales que se caracterizan por patrones persistentes de comportamiento que incumplen normas sociales, afectan a la convivencia o generan problemas significativos en el entorno familiar, escolar o social. Estos comportamientos van más allá de las conductas desafiantes habituales propias del desarrollo y suelen mantenerse en el tiempo.
Los niños y adolescentes que los padecen pueden mostrar dificultades para controlar sus impulsos, respetar límites, gestionar la frustración, o relacionarse adecuadamente con otras personas. La intensidad o frecuencia de estas conductas puede interferir en su bienestar emocional, rendimiento académico y relaciones interpersonales.
La aparición de estos problemas suele estar influida por múltiples factores, entre ellos características individuales de personalidad, familiares, sociales, y ambientales. Una evaluación profesional permite identificar las causas, y necesidades específicas en cada caso.
Los principales síntomas que pueden existir son desobediencia persistente a la hora de aceptar normas y/o límites, conductas desafiantes hacia figuras de autoridad, irritabilidad, enfados desproporcionados frecuentes, baja tolerancia a la frustación, agresividad física y/o verbal, conductas manipuladoras o mentiras frecuentes, problemas de convivencia en casa, la escuela o con el grupo de iguales, impulsividad y/o dificultades para controlar el comportamiento e incumplimiento reiterado de normas sociales y/o escolares.
Las principales patologías que pueden cursar con estos trastornos son el trastorno negativista desafiante, el trastorno explosivo intermitente y el trastorno disocial. Sin embargo, existen otras patologías en el niño y adolescente que también pueden cursar con problemas de conducta aunque se tratan de entidades distintas como el trastorno depresivo y el trastorno bipolar dentro de los trastornos afectivos, el TDAH, la discapacidad intelectual, los trastornos de la comunicación y los trastornos del espectro autista dentro de los trastornos del neurodesarrollo, los trastornos de ansiedad, el TOC, los trastornos de la conducta alimentaria, los trastornos adictivos, los trastornos relacionados con traumas o estrés intenso, u otros trastornos disruptivos, del control de impulsos y de la conducta.
Es muy importante la evaluación y diagnóstico exhaustivo por parte de un psiquiatra infantil o un psicólogo clínico especializado en infantil. El principal tratamiento es psicológico pero en muchas ocasiones requiere de forma combinada un abordaje farmacológico, así como orientación a las familias y coordinación con el entorno académico.
Psiquiatría geriátrica:
Es una especialidad dentro de la psiquiatría que se encarga del estudio de los trastornos psiquiátricos en pacientes mayores de 60 años. Se caracteriza por realizar una intervención que combina habilidades de psiquiatría y geriatría, dando un abordaje integral a estos pacientes. Los principales trastornos que podemos ver en este rango de edad son los trastornos depresivos, el deterioro cognitivo asociado a la edad, síntomas psicóticos en contexto de una demencia, insomnio, trastornos de ansiedad, trastornos de conducta como puede ser la irritabilidad, la agresividad, la hiperactividad, etc. que podrían estar asociados a enfermedades neuropsiquiátricas, deterioro cognitivo, u otros factores sociales o psicológicos. También se pueden dar otros problemas como el abuso de benzodiacepinas durante muchos años, con el riesgo de interacciones y efectos asociados que puede suponer para este grupo de edad.
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